miércoles, 22 de octubre de 2014

LOS TRES CUENTITOS

I

¿Quién quiere un nido? Un pájaro. Para poner sus huevitos. Luego alimentar a sus pollos. Después enseñarles a volar. Con intentos vanos de por medio. Hasta que un día los pollos son pájaros hechos y derechos ¡y a montarse un nido!
¿Y los papás y mamás pájaros? Bueno, algunos deciden  construir casita nueva, todo a estrenar. Una pajita aquí, otra más allá, con verdes vistas.  Con buen ramaje protector en torno. Una urbanización pajaril segura.  Otros no. Otros siguen instalados en el mismo nido año tras año. Hasta que se caiga a pedazos. O lo tiren abajo ciertos depredadores. Muchos de ellos en dos patas. Sin alas.
Ahí está. Fin del cuentito.

II

¿Quién quiere una hojita? Una hormiga. Todas las hormigas. Bueno, no todas. A algunas les apetecen otras cositas: un gusanito muerto, o vivo. Un tierno escarabajo. Las tripas de…en fin, otras cositas.
En este caso las hormigas son vegetarianas. Veganas. Solo hojitas tiernas, pero no arrancadas a una pobre planta, de las que se caen solitas. O las que sueltan los arboles como si se cortaran el pelo. ¿El pelo sufre cuando lo cortan? No, ¿no? Pues lo mismo. La hojita acepta su destino  y va la hormiguita, y chau. Se la pone al hombro y se te he visto no me acuerdo.
Fin del cuentito.

III

¿Quién quiere una casita, un cochecito y dinerito todos los meses?  Un ser humano. O una ser humana. El pone los huevitos. Luego ella los pollos. Que un día serán humanitos y humanitas. Tras muchos, muchos vanos intentos ¡y ya está! Hechos y derechos a buscar casitas, cochecitos y dinerito todos los meses.
Antiguamente moraban en chozas, y comían pájaros y hormigas. Todavía algunos también.

Fin del cuentito.

sábado, 30 de julio de 2011

PACO GUZMAN, EL CUERVO

Paco Guzmán, el cuervo. Que así se hacía llamar: Paco Guzmán. Gesto torvo, como el de cualquier cuervo que se precie, y mirada obscura y taimada. Aún con todo, había un cierto brillo de melancolía en sus ojitos; una luz nostálgica y rencorosa. Vaya uno a saber los sinsabores vividos por aquel solitario animal.
Lo vi perseguir de un modo perverso a otros pájaros. Por momentos con fiereza. Con verdadera saña. Por eso me llamó la atención, sentado como estaba en un banco del parque tratando de tomarme un respiro de mis propias pesadillas. Le silbé un par de veces al pasar en raudo vuelo a ras del pasto, pero no parecía darse por enterado.
En un momento en el que se detuvo a picotear la tierra, muy cerca de donde estaba yo, le grité:
-¡Hey! ¡Chist!
-Qué querés-, me respondió en una mezcla de graznido y voz gruesa pero débil.
-¡Ah! ¡Hablás!
-Qué querés-, volvió a preguntarme con un tono de fastidio.
Estaba asombrado pero traté de no demostrárselo. Además empezó a caminar hacia mí, mirándome de lado, con un solo ojo. A lo compadrito.
-¿Cómo es que entendés lo que te digo?-, me preguntó él, intrigado. Dio un par de aletazos poderosos y precisos, y se posó en el respaldo del banco de madera.
Sentí un cierto escalofrío al tener tan cerca ese pico, que ahora, a tan poca distancia, me parecía más filoso y de cuidado que a lo lejos.
-“Cría cuervos y te comerán los ojos”, ¿no?-, dijo burlón y matizó –eso sí que es hacerle mala propaganda a los demás, y gratis. Hay que tener mala leche…
-Conocías el dicho…
Sacudió su cabecita azabache y pensé que iba a reírse. Si podía hablar bien podía carcajearse. Pero no. No lo hizo.
-Mirá, vos te crees que siempre fui “esto” que ves…te voy a decir otro: “el hábito no hace al monje”…
No pude contener la risa y el emplumado se echó hacia atrás, en un gesto reflejo.
-Perdón…perdón…-, me disculpé -¿cómo te llamás?
Confieso que al preguntarle esto me sentí un poco idiota ¿cómo se me ocurría preguntarle el nombre a un pajarraco? Sin embargo, y para sorpresa mía, me respondió:
-Paco. Paco Guzmán.
-¿Paco? ¿Guzmán?
-Sí; no sé qué te asombra tanto ¿vos, cómo te llamás?
-¿Yo? Roberto Pereira-, contesté con seguridad.
-¿Roberto? ¿Pereira?-, parecía burlarse –bueno, yo, Paco Guzmán.
La verdad que sonó muy normal escuchar mi nombre en el pico de mi amigo. Muy natural. Le iba a preguntar a qué se dedicaba, pero visto lo visto antes de conocerlo, era una real tontería. ¿A qué se iba a dedicar? A ser cuervo, por supuesto.
-Me tengo que ir-, dijo súbitamente y noté que miraba a un anciano que se acercaba con un perro. Supuse que eso le asustaba.
-¿Qué pasa, se te hace tarde?-, inquirí con sorna, pero no me hizo caso, y agregué, viendo que se preparaba para echarse a volar –me gustaría seguir hablando ¿venís siempre por aquí?
-Sí; vivo al otro lado de las vías…
-Entonces quizá nos veamos mañana.
-Tal vez-, respondió alejándose.
No me dio tiempo a decir nada más, en un segundo se había convertido en un punto negro entre dos árboles. “Paco Guzmán”, pensé, “un buen nombre para un cuervo ¿lo de Paco será por Francisco?”. El anciano del perro me observaba de lejos. Después vi que se daba media vuelta y se marchaba por donde había venido.


Al día siguiente me pasé como tres horas esperando, pero Paco no apareció. Y al otro día tampoco. Ni al otro. Eso sí, al anciano lo vi casi siempre. Con su perro.
Una semana y media después, bajo un cielo encapotado que parecía traer no solo el otoño, sino todos los otoños futuros, y cuando ya estaba dispuesto a marcharme, escuché que me chistaban. O un ruido parecido. Y de pronto lo tuve a menos de un metro, sacudiéndose el plumerío.
-¿Qué hacés, Roberto?
Se acordaba de mi nombre y todo.
-Estuve medio enfermo-, se excusó, -deben haber sido unos gusanos que comí de vicio…en especial uno que no tenía buen color…
Me gustó el tono de disculpa por su ausencia. Y la verdad que bajo los ojos se le veían unas legañas poco saludables.
-No te preocupés que no es contagioso-, avisó.
-No fui sincero el otro día…le saqué un ojo a uno, una vez.
-¿A un hombre?
-No; a otro como yo…por un asunto con una hembra…
-¿Y?
-Un tal Ramiro López. Un hijo de puta, bah. Se lo merecía…ahora le dicen “el tuerto López”-, meneó el pico como si se divirtiera.
-¿Y la hembra?-, pregunté con cuidado de no herir sus sentimientos.
-¿La hembra? Infiel, como todas las cuervas que conozco. La verdad que me pegué con Ramiro porque le tenía ganas. Siempre me robaba la comida…y cosas que uno junta por ahí. El desgraciado conocía mis escondites. Me seguía. Por eso cuando le di el picotazo le dije: “a ver cómo hacés ahora con un solo ojo ¡y la próxima te saco el otro”. En este mundo hay que hacerse respetar, si no vas muerto. El que no vuela, corre.
-El que no corre, vuela, dirás.
-Eso para ustedes, para nosotros es al revés…
Tenía razón.
-Me tengo que ir-, dijo con urgencia y se echó a volar.
No me había percatado que el anciano venía con su perro. Me levanté para saber que le pasaba, porque no me sacaba los ojos de encima.
-¡Eh! ¡Usted!-, le grité al verlo darse vuelta para irse. Y se quedó parado. Su perro olisqueaba unas matas de pasto.
-¿Nos conocemos?
Me miró de arriba abajo, muy serio. Su perro comenzó a olfatearme los zapatos.
-¡Rambo!-, le gritó tironeándole de la soga.
-Déjelo, no me molesta…siempre lo veo acercarse y luego se da media vuelta y se va, me da la sensación que, o me confunde con otro o…
-Tenga cuidado con ese Paco-, me advirtió.
-¿Usted lo conoce? ¿Usted también..?
-Es un charlatán. No se fíe de todo lo que cuenta. Es un mitómano. Yo lo conozco muy bien…
Se quitó las gafas y vi el ojo de cristal, el izquierdo.
-¿Eso se lo hizo el cuervo?-, pregunté horrorizado.
-No; esto fue un accidente de coche. Me hizo algo peor. Le dijo a mi ex mujer que la engañaba. Un mal bicho. ¡Por eso se escapa cuando me ve! Le dije que “Rambo” se iba a hacer cargo…le tiene pánico.
-Sí; eso me pareció…
-Ahora que no entiendo, disculpe, ¿qué tiene que ver su ex mujer?
-Yo tenía una amiga, en paz descanse, con la que me encontraba aquí en este parque. Una amiga ¿me entiende? Cosas de hombres. Y el Paco este, que creía que era mi amigo…mi ex también lo conocía, y hasta le traía unos bocaditos que se los hacía especialmente, le tomó más cariño a ella, y ya se sabe, un día se fue de pico ¡Y por un poco de comida!
-O sea que aquí todo el mundo lo conoce, a Paco me refiero.
-Claro, ¿quién no conoce a Paco? ¿Usted se creía que era el único?-, se rió. Luego volvió a ponerse serio. –Tenga cuidado y no le cuente mucho de Usted…es un resentido. Bueno, adiós ¡Vamos, Rambo!
Lo observé irse con su animal, y escuché el aleteo tras de mí. Era Paco. Se había posado en el respaldo del banco y me hacía gestos de que me acercase.
-¿Qué te dijo? ¿Qué te dijo, el maricón ese?
Parecía ansioso por saber. Nos había estado espiando desde el follaje de un ciprés enorme.
-No te tiene mucho aprecio-, me burlé.
-Ya sé. Me culpa de lo de su mujer ¡si ella ya lo sabía! Y estaba harta de él…no fue por el engaño…esa fue la excusa…
-Paco, ¿y a vos qué te importa?
-A mí no me importa…pero hablando, hablando…¿Qué te dijo?
-Tonterías…-, para qué seguir con el chismorreo. –Sabés que hay un cuento muy famoso…
-¡Uf!-, hizo una especie de resoplido, -me vas a hablar de Poe, seguro.
-¡Ah! Lo conocés.
-Qué cuervo no lo conoce…nadie sabe muy bien de qué va el cuento, pero a Poe lo conocen todos. Muchos se hacen llamar Poe.
-¿A sí?
-Sí, sí…un tipo una vez me lo leyó…al cuento…venía con su librito todas las tardes. Muy bonito. Muy interesante.
-¿no te dio miedo?
-¿Qué cosa?
-Y…el cuento.
-¡No! ¡Qué bah! Para nada.
-Eso de los nombres…se lo ponen sus ¿padres cuervos?-, me intrigaba y no sabía cómo preguntárselo, la verdad.
-No; los elegimos nosotros…los escuchamos por ahí, de ustedes, y si nos gusta los adoptamos.
-Cualquier nombre…
-Sí; cualquiera.
-¿La cuerva de la que me hablaste también tiene nombre?
-Sí; y no me la nombres.
-Cómo te la voy a nombrar si no sé cómo se llama-, me reí.
-Shakira.
-¿Shakira?
-¡Shakira, sí! ¿Qué? ¿Te parece gracioso?
-No, no ¿pero porqué, acaso le gusta cantar?
-¿Shakira es nombre de cantante?
-Algo así…
-Los cuervos no cantamos. Le pareció bonito y punto. Y le queda bien…a mí me gusta.
Y ahora me voy. Adiós.
Extendió sus negras alas y se alejó buscando altura. Sé que tienen mal genio en general, pero noté que algo le había molestado. Quizá hice mal en mentarle la cuerva. Y fue la última vez que lo vi.

Durante un mes, con sol y con lluvia, volví al parque. Fui a media mañana, a media tarde y casi al anochecer. Nada. Muchas veces lo confundía con otros. Para mí son todos iguales, realmente. Les llamaba: ¡Paco! Y a penas me miraban. Uno, una vez, pasó por encima de mi cabeza y me gritó: “¡Payaso!”. Lo mandé a la mierda, por supuesto.
Al viejo del perro tampoco lo vi más.
Supuse que en primavera, cuando cambiara el tiempo, me los volvería a encontrar por allí.
Eso fue hace cinco años.
Una tarde se me ocurrió otra estrategia: grité “¡Poe!”. Se me acercaron varios cuervos, pero luego de observarme bien seguían a lo suyo con unos graznidos de fastidio por haberles llamado la atención. En eso no mentía: la mayoría de ellos se llamaban Poe.
Pero ninguno me daba pie para preguntarle de mi amigo. En eso Paco era muy especial, sin duda. El se hubiese acercado por lo menos para saber de qué iba la cosa.
Quizá el mentiroso era el hombre del perro, y nadie sabía que aquel cuervo se hacía llamar “Paco Guzmán”. Y solo lo sabíamos el viejo, su ex y yo, Roberto Pereira, el argentino.




Jorge Nowens 2011

sábado, 16 de julio de 2011

EL ANGEL EFIMERO, grátis en pdf

Desde hoy pueden empezar a leerme en pdf, si lo desean. EL ANGEL EFIMERO, es un relato que da nombre a una saga de la que ya iran teniendo novedades. Proximamente, también NOELIA, ESPIRITUS CULTURALES, y muchos otros que ya hacen cola...Que los difruten!!
Si quieren escribirme para darme sus opiniones, encantado:
jorgenowens@hotmail.com

EL ANGEL EFIMERO está en:

http://www.mediafire.com/?njj2352aae9xz02

sábado, 30 de abril de 2011

CINCUENTA en UNO, mi nuevo blog

Con motivo de mi cumpleaños número cincuenta he inaugurado mi nuevo blog.

www.cincuentaenuno.blogspot.com

Están invitados a estas reflexiones poco acertadas de un hombre cincuentenario!
Espero sus comentarios y sus propios anécdotas...

domingo, 19 de abril de 2009

NOELIA -Cuento-


NOELIA

Jorge E. Nowens

La capacidad de Noelia para despachar clientes era realmente notable. No era en absoluto brusca ni indiferente, todo lo contrario, era dulce y amable, y se brindaba sin complejos con todos y cada uno. Jóvenes, ancianos, aún gente con minusvalía; tímidos y extrovertidos; pacíficos y agresivos. Era más que una profesional del sexo. Tenía un don. Bastaba con estar en su interior unos instantes para saber como siente una ubre cuando la ordeña una mano experta. Esa era la más íntima virtud de su enorme cuerpo de mulata y una “bendición” para su trabajo. Mucho dinero en poco tiempo.
Había arribado a España desde el caribe pero no como la mayoría de sus colegas con billetes pagados por agentes de esas redes de proxenetas, no, ella llegó por sus propios medios, juntando dólar sobre dólar a fuerza de cintura y muslos. De sus treinta años, quince los había puesto al servicio del placer ajeno y bajo techos ajenos, ahora, por fin, había logrado comprar su propio piso, y en Madrid.
Más allá de la ternura de sus profundos ojos azules, realzados por su tez morena y su cabello renegrido, latía el corazón de una mujer con carácter, astuta y eficaz en sus propósitos. Su mirada era la trampa perfecta para el engaño. Alguien que había sabido administrar muy bien su sufrimiento de huérfana y las continuas vejaciones del chulo de turno. Por lo menos dos de ellos acabaron sus miserables existencias a manos de Noelia. Envenenados.
Estas muertes, y otras en hechos más confusos, -como uno en la que la hallaron con la pistola de un policía y ella alegó haberla cogido después de su suicidio- habrían decidido al fin su partida hacia Europa. El juez de este último caso era un cliente generoso, y muy agradecido con Noelia.
Según un investigador, el inspector Heriberto González Correa y Rivas, la totalidad de decesos sucedidos de un modo más o menos sospechosos alrededor de esta mujer ascendían a catorce. Infartos, suicidios, accidentes, siempre con Noelia de testigo preferente, sino el único. Pero como la mayoría de los difuntos no eran santos de nadie, la situación de Noelia no pasaba de un mero expediente administrativo o un juicio rápido con absolución incluida.
El inspector no solo no dudaba que ella era la culpable de las muertes, estaba convencido de que se los había cargado a todos por un motivo u otro. Y su partida no hacía más que confirmarlo.
Solo Noelia sabía las razones que la habían llevado a asesinar a esas personas; y a hacerlo de forma metódica e implacable. Aunque una de ellas murió de un infarto natural en el último tramo del éxtasis, ahorrándole el trabajo de simular nada.
Ella tenía una lista en su cabeza, y en esa lista solo faltaba el número uno: “El negro”, Jesús Capellán Martínez, un tipo de un metro noventa de estatura por otro tanto de ancho, un verdadero armario. El la “inició” en la prostitución, la violó siendo virgen y la embarazó. El mismo la llevó a casa de una matrona sin ningún tipo de habilitación para ejercer de tal, en avanzado estado de gestación para que abortara. La curandera le estrujó de tal modo sus entrañas que solo la pericia de un médico del hospital central consiguió detener la hemorragia y salvarle la vida. Aunque no pudo evitar que quedase definitivamente estéril.
Jesús solía viajar a España, y a Madrid en particular, varias veces a lo largo del año para traer chicas jovencitas a varios prostíbulos y de tanto en tanto, algún servicio de tráfico de droga para los amigos. Ese no era su fuerte y ya había pagado con algunos años de cárcel, en su país, por tal delito, pero favores son favores y en ciertos ambientes, es ley.
Ella lo sabía, así que solo esperaba el momento y mientras esperaba hacía dinero del único modo que había conocido. Se granjeó buenas amistades, como antes en su tierra: políticos, cargos públicos y empresarios; su teléfono estaba en muchísimas agendas oficiales y extraoficiales.
Y fue un empresario de la construcción, José Antonio Miranda Calleja, quién consiguió ponerle coto a su independencia. Enamorado de ella, sin conocer casi nada de su pasado, le ofreció el porvenir más luminoso que podía imaginar. Llevaba mucho tiempo visitándola y decidió no compartirla más con nadie, si ella se lo permitía. La doblaba en edad y era viudo, sus hijos ya no vivían con él y necesitaba una compañera. “Quisiera, el día que me muera –le decía- hacerlo en brazos de una hermosa mujer, y te he elegido a ti, mi reina, pídeme lo que quieras, mi sol, sabes que dinero es lo que me sobra”. Noelia se resistía a la idea de pertenecer a nadie. Ella vivía bien y no estaba en sus planes el matrimonio; la venganza había sido, y era, la bestia que tiraba del carruaje de sus sueños, con su rugir llenaba los huecos más recónditos de su alma. No necesitaba más. Así que con extrema cortesía le dijo en varias ocasiones que “no, mi amor. Me halaga que me lo pidas, es muy dulce de tu parte, tesorito, pero no”. Y fue no hasta el día en el que vio a las puertas de su vivienda aquella Ferrari roja llena de flores con una gran tarjeta en el ramo principal. “cásate conmigo, te amo” firmado por José. Semejante acto de romanticismo la conmovió y esa fue una sensación que no había sentido jamás. Era como una película de Hollywood, pero en serio.
Sin embargo, con todo, Noelia se encargó de dejarle muy en claro a José que “quiero seguir siendo libre, mi amor. Me costó sangre tener lo que tengo, que no es tanto como lo que tu tienes, cariño, pero es mío, si lo comprendes me caso contigo”. Y él le dijo que si ¿Qué podía decirle? Quizá con el tiempo ella aprendería a quererlo. Y lo hizo más rápido de lo que esperaba.
Una cosa es vivir bien y otra muy distinta vivir como una reina. Ella vendió su casa y cambió de número de teléfono para no recibir más llamadas, y puesta a cambiar, le pidió a un estilista un look totalmente renovado, hasta en el color del cabello. Y se convirtió en la señora del constructor Miranda Calleja, mujer de la alta sociedad madrileña con chofer incluido.
Disfrutaba de todos los lujos y comodidades de su ahora acaudalada vida, no movía un dedo ni para hacerse un café, tenía servidumbre las veinticuatro horas del día. Por tener, tenía manicura, pedicura, profesores de yoga, de tenis, y secretaria. Solo le bastaba con susurrar un deseo para verlo cumplido. Era más que una reina, era una diosa. Pero lo más importante: no sentía ningún malestar por dormir con ese hombre mucho mayor que ella, todas las noches. Realmente estaba empezando a quererlo. Por primera tenía sexo sin tomarlo como un trabajo o una agresión. Había tenido tanto de todo aquello que a veces sentía que le faltaba algo entre las piernas para estar completa.
No sentía remordimientos por sus crímenes, asumía como un soldado las bajas y las heridas de guerra. No solo no se arrepentía sino que no dejaba de imaginar el momento en el que al fin cerraría su lista con el principal causante de sus desgracias, aunque estas en definitiva le habían traído, también, su actual bonanza. Todos los otros eslabones de su inconfesable dolor habían sido eliminados, solo faltaba uno. Y nada más era cuestión de tiempo.
Lo que no alcanzaba a imaginar Noelia era la tormenta que se cernía sobre su futuro con los cambios políticos de su pequeño país. El juez que la protegía había sido destituido y con él muchos de sus viejos clientes. El nuevo jefe de policía era primo de aquel al que Noelia mató de un tiro en la cabeza. Y que en su momento nadie supo o quiso ver que si era diestro porque se había disparado con la mano izquierda y así cantidad de elementos que demostraban lo contrario de la sentencia. Todo podría ser nuevamente revisado, y hasta era posible una orden de búsqueda y captura a nivel internacional contra ella.
Pero Noelia no lo sabía y continuaba con su vida de nueva rica.
Sin que su esposo supiese nada, contrató a un investigador privado para que diese con los pasos de Jesús. El investigador era un ex policía nacional, Eugenio Menéndez García, con muy buenos contactos dentro del mundo del hampa latino, pero le había dicho que si el tal Jesús tenía la identidad cambiada iba a ser muy difícil hallarlo “menos sin una foto actual del sujeto”. Los únicos datos fisonómicos se centraban en que era de piel negra con una contextura corporal de grandes proporciones. “Como la de casi todos los negros que vienen de África, señora”. Aún así aceptó el caso. La recompensa era abultada al igual que la paga semanal para gastos operativos.
Cuatro meses, y varios miles de euros, le llevó al investigador obtener algunas pocas pistas. Cuatro meses en los que Noelia, sin olvidarse del asunto, frecuentó los mejores sitios de Madrid del brazo de José Antonio, ante la mirada recelosa de sus hijos que por lo bajo la llamaban “la puta” sin más, al igual que casi todas las amistades del constructor.
A ella le importaban un carajo los comentarios, en peores se había visto, mientras su marido cumpliese con su parte lo demás la tenía sin cuidado.
Una noche de diciembre montando el árbol de navidad con José, recibió la llamada de Eugenio, el ex policía, tenía al parecer, ubicado e identificado al personaje. “Está en El Sabroso, cenando con un par de tías”. Noelia le dijo que no le perdiera pisada, que lo siga “a sol y a sombra, le pagaré extra y manténgame informada”.
A primera hora de la mañana Eugenio volvió a llamarla, le dijo en que hotel y en compañía de quien, que una de las chicas era una morena “a simple vista parece una menor ¿qué quiere que haga?”. “que no le pierda el rastro y manténgase comunicado en todo momento” le respondió sin dar más detalles. Luego se vistió con pantalones de jean, zapatillas deportivas y una chaqueta de cuero; guardó en su bolso una pistola pequeña del calibre treinta y dos, regalo de un cliente armero, y le dejó una nota a su esposo: “voy de compras” escribió escuetamente. “Hoy prefiero conducir yo, usted quédese por si mi marido lo necesita ¿vale?” le dijo a su chofer, se montó en su Ferrari y se marchó.
Noelia llegó al bar que había frente al hotel y se sentó en una mesa junto al escaparate, un chistido a su lado le hizo girar la cabeza; en la otra mesa un tío con sombrero y gafas oscuras le hizo un gesto de reverencia con la cabeza y con el pulgar hacia arriba le indicó que todo iba bien, era Eugenio. Media hora después los vio salir por el portal del hotel. Y en efecto el sujeto era Jesús, mucho más delgado y cojeando, pero era él, no había dudas. Un taxi se detuvo y la chica y Jesús subieron en él. Noelia se dio vuelta para ver a Eugenio pero este ya se había marchado tras la pareja. Así que pagó su café y se cruzó al hotel. Como éste era de una sola planta, alquiló una habitación cercana al vestíbulo principal, la más próxima a la salida. El lugar tenía pocas habitaciones, no le iba a ser difícil encontrar la del “hijueputa” pensó mientras se registraba con un documento falso que aún guardaba de su época de meretriz. El conserje la miró con picardía y sin preguntar nada le dio unas llaves. Eso si, le cobró el día por adelantado. “Esta buena la putita” pensó “debe ser nueva en el barrio”.
Noelia entró en su habitación y se puso cómoda, como para esperar el tiempo que fuese necesario. Encendió el televisor y se tendió en la cama. En el cuarto de al lado se escuchaban golpes en la pared y los gemidos y gritos de una pareja. “No lo hacen mal” pensó con una sonrisa en sus labios y se distrajo mirando un programa del corazón en donde se amañaba una pelea: dos mujeres se tiraban de los pelos entre insultos, y una presentadora sin ninguna voluntad de separarlas, le decía a una de ellas “¿cómo permites que te diga eso?” y mirando al público comentaba “hay que dialogar, hay que dialogar, no pegarse”. El tiempo pasaba. Noelia comió de la nevera un par de dulces y bebió un whisky con coca. Revisó varias veces el cargador de la pistola y su funcionamiento, no quería llevarse una sorpresa, todo tendría que ser muy rápido. Su móvil vibró en muchas ocasiones pero solo lo cogió cuando vio en él el número de Eugenio “van para el hotel” susurró éste como si los tuviese muy cerca. “Esta bien” contestó y colgó; miró su reloj y se dio cuenta que llevaba varias horas en ese cuarto. El teléfono volvió a vibrar “están entrando al hotel” susurró nuevamente Eugenio. Esta vez no contestó, fue hacia la puerta y la abrió con cautela, apenas, para poder escuchar. Aquella voz le causó náuseas, se tapó la boca y respiró profundo. Luego de verlos pasar asomó con sigilo su cabeza para ver a que cuarto iban “están ahí enfrente, perfecto” pensó.
“Esa chica no ha de tener más de quince años, hijo de puta” le recordó a si misma “esta va a ser su última victima ¡como que hay Dios!”. Volvió a comprobar el cargador de la pistola y se la calzó en la cintura, por detrás, al estilo de las películas policiales; salió al pasillo, caminó muy despacio hasta el cuarto y dio un par de golpecitos en la puerta, al otro lado se oían risas y alguien abrió preguntando “¿si?”.
Noelia empujó la puerta con furia y un cuerpo se desplomó detrás de ella. Era Jesús. La muchacha que estaba con él lanzó un grito de terror y Noelia entró a la habitación con la pistola entre las manos buscando a quien apuntar; al ver a Jesús en el suelo dirigió la mira hacia su cabeza.
-¡No! ¡No! – gritaba la chica.
-¿Noelia?¿Tu?-dijo Jesús entre asustado y sorprendido- Noelia, no dispares ¡No dispares!
-Tu –dijo Noelia, mirando a la niña -¡cállate! Tu irás con tus padres, si los tienes, después de encargarme de éste hijueputa.-
-¡Es mi papá! –gritaba la chica señalándolo a Jesús- ¡Es mi papá, no le haga nada por favor!
Esto desconcertó a Noelia que miró la habitación y vio las camas separadas, los peluches y unas bolsas del Corte Inglés en el suelo. El tenía el rostro desencajado y temblaba.
-Noelia, me estoy muriendo –dijo Jesús- tengo SIDA.
Recién ahí se percató de la delgadez y las manchas en el cuello de aquel hombre: sarcoma de Capozzi. Tuvo que decidir en una fracción de segundo: matarlo sería hacerle un favor. Además estaba la niña.
-¡Le daremos lo que quiera! –gritaba la chica- aquí tengo trescientos euros ¡lléveselo! ¡Pero no lo mate, por favor!
Se escuchaban voces y ruidos provenientes de otras habitaciones, y unos pasos que venían desde la conserjería. Noelia retrocedió, miró a ambos lados del pasillo, guardó el arma y se marchó de prisa pero sin correr, empujando a su paso al conserje que se acercaba a curiosear. En la calle tropezó con Eugenio “le haré llegar su dinero –le dijo- su trabajo ha terminado”. Y se marchó. Esa noche, mientras estaba en la cama con su marido y éste dormía placidamente, ella pensó que pudo haberse vengado matándole a la hija, como él había hecho que le mataran a su bebé y junto con él toda posibilidad de ser fecunda. La podía haber matado delante de él. Pero esa sola idea le dio repugnancia. Y se convenció de que había hecho bien.
Tiempo después, en la inauguración de una nueva línea de una famosa marca de coches, Noelia y su marido fueron presentados a unos diplomáticos caribeños. Uno de ellos, Enrique Salcedo Pérez Duarte, hijo y nieto de diplomáticos, se le acercó en un momento en que ella curioseaba un modelo, y le habló en voz baja “¿No se acuerda de mi?” Lo miró pero en efecto no lo recordaba, y no quería demostrárselo, él siguió “ya puede volver tranquila a su país, señora, allí tiene mucha gente agradecida” Noelia se quedó paralizada. “El Juez, su amigo –continuó- se encargó de hacer desaparecer todo evidencia en contra suya antes dejar el cargo, siempre la recuerda con cariño y se alegró mucho de cómo ha encaminado su vida junto al empresario, los ha visto en una de esas revistas del corazón” y sin dejarla reaccionar agregó “¿se acuerda de aquel pendejo, el inspector Heriberto González Correas y Rivas, ese que la perseguía tanto? Pues al muy cabrón lo encontraron hecho un saco de balas, al parecer se quedó con un dinero de drogas y alguien se disgustó un poco”. Noelia seguía inmóvil. “Ahora que usted está muy bien, podría, no sé, hacer alguna obra de caridad, por ejemplo, una fundación para la mujer, allí, en nuestra patria, mi esposa podría ayudarla. Usted sabe que con muy poco dinero se pueden lograr grandes cosas”. A Noelia se le iluminaron los ojos y al mirarlo nuevamente creyó recordarlo o al menos le hubiese gustado hacerlo.
-Si, eso me encantaría- dijo.
Al año siguiente Noelia aprovechó el viaje a la fiesta inaugural de su “Fundación contra el Maltrato de la Mujer y la Infancia”, para adoptar un niño, una idea que fue apoyada por su esposo “todos los que tu quieras, mi amor, si eso te hace feliz, me hace feliz también, se que vais a ser una buena madre…”.

En su estancia por el caribe supo de la muerte, meses antes, de un tal Jesús Capellán Martínez, pero no del modo que esperaba, sufriendo en una cama de hospital, sino en la puerta de su casa y de un tiro en la frente “para que andar esperando a ver si todavía se nos vuelve chivato el negro chingao este” había sentenciado alguien con un vaso de ron en la mano.
Jorge E. Nowens -copy 2008-
Ilustración: Sofía Nowens "Mural de mujer desnuda" -copy 2007-

viernes, 17 de abril de 2009

TEATRO: En El Banquillo -Acto I-

“EN EL BANQUILLO”

DRAMA EN DOS ACTOS Y UN EPILOGO>


Autor : Jorge E. Nowens


Escenario: Un banco de plaza, detrás de éste tres paneles de madera de canto hacia a la platea. A un lado del primer panel un perchero con una prenda deportiva y un banquillo de vestuario de fútbol, puede ser de madera. Al otro lado una silla tipo mecedora. En el segundo panel, a un lado un estante una tabla de planchar con un plancha y alguna prenda. Al otro lado de éste una cama, el cabecero apoyado al tablero, una mesita de luz, con su luz. En el tercer tablero, a un lado un escritorio con una silla y un espejo apoyado en el tablero. Al otro lado un perchero y un taburete alto o silla alta como de un bar y una mesa alta que simula la barra con una botella y una copa. La luz va directa al banco, el resto en penumbras.


PRIMER ACTO


Julio, un hombre de unos cuarenta años, pelo no muy corto, desaliñado, barba de varios días, ropa sport, desgastada, zapatos mocasines sin lustrar. Sentado en un banco de plaza. A su lado un bolso pequeño y en el suelo una maleta con ruedas. Es de tarde, mes de julio en Buenos Aires. >
Una pareja de adolescentes pasa por delante de Julio y se detiene a un costado, se escucha por lo bajo una música de cumbia, proveniente de los auriculares que lleva el muchacho, él lleva ropa deportiva sin marca, pantalón y casaca de distinto conjunto y una pelota de fútbol en la mano. Ella lleva pantalón vaquero y abrigo y un bolsito. El se quita los auriculares pero se escucha la musiquita.

El adolescente:
¡¿Pero vos sos boluda?! Te dije que no tengo un mango partido por la mitad. Si querés alquilamos una película y la vemos en tu casa. Decíle a tu vieja que se haga unos fideos y listo…

La adolescente:
¡Ya había quedado con Mariluz que ibamos a ir a bailar!

El adolescente:
¿Vos tenés guita?

La adolescente:
no.

El adolescente:
¿y entonces?

La adolescente:
Lo que pasa es que Mariluz quería ver si se lo encontraba al pibe este, Juanjo, el chabón nuevo, que vino de Córdoba, ese alto de ojitos claros ¿sabés cual te digo, no? Esta recaliente con él.

El adolescente:
Me parece que la anda caliente con ese sos vos…

La adolescente:
¡para nada, che! A mi no me gusta ni ahí, es un engreído…

El adolescente:
¿Entonces? Que vaya Mariluz, no tengo ganas de ir a bailar, si querés alquilo una peli, que me la fían…

La adolescente:
No sé, la llamo a Mariluz y vemos…por ahí ella tiene guita y nos presta…

El adolescente:
¡Dale con Mariluz!

(Los dos adolescentes se marchan por un costado y luego ocupan el lugar en la penumbra, uno a cada lado del tablero, él con la pelota, ella en la mecedora.
JULIO hojea un periódico arrugado y marca con un bolígrafo algunos avisos. Un hombre de unos ochenta años –ABUELO- se acerca con su bastón y se sienta junto a él. JULIO sigue ensimismado El anciano lo mira de reojo.)


Anciano:
¿Va hacer frío esta noche, no?

JULIO:
(Reparando en el viejo)
Y si, seguro, estamos en invierno.

Anciano:
(Mirando los bultos junto a JULIO)
¿Está buscando hotel?

JULIO:
(Sin dejar de hojear el periódico)
¡Eh! No.

Anciano:
Por las valijas, digo. Aquí cerca hay unos hoteles muy baratos. Están un poco abandonados por fuera. Pero en su tiempo eran de categoría, ¿sabe? Hasta venía gente famosa…artistas.
Claro que con los años se fueron muriendo los dueños y ahora los compraron estos chinos o coreanos, gente de por ahí ¿me entiende? Y lo único que les interesa es sacarles dinero, ellos no invierten ni en pintura. También hay muchas prostitutas ¿vió?. Mucha piba joven…Lindas pibas.
Hasta en eso, mire, se notan que no son profesionales. Son chicas que lo harán por desesperación, digo yo. Como está la cosa tan difícil…

(Una mujer de unos cuarenta años-Estela- llega agitada hasta el anciano. Vestida con austeridad, prendas que denotan haber sido planchadas cientos de veces, mocasines como de hombre, una bolsa de las compras en su mano. El cabello recogido con un rodete. Julio al oír su voz deja el periódico al costado y la mira con asombro)

Mujer:
¡Abuelo, estaba acá! ¿Sabe las vueltas que tuve que dar para encontrarlo? Me va a matar de un susto! Vamonos a casa que le hago una sopita calentita y se ve el partido.

(La mujer lo ayuda a incorporarse.)

Anciano:
¿Hoy hay partido? Bueno, igual me voy a quedar dormido.

Mujer:
Como siempre, Abuelo.

Anciano:
Es que el "fulbo" ya no es como antes. (mirando a Julio con gesto cómplice)
¡Antes que te ibas a dormir!

Mujer:
Usted tampoco es como antes, Abuelo. (Mirándo a Julio) Discúlpelo, él siempre se pone a hablar con todo el mundo. Le habrá dejado la oreja colorada…

JULIO:
No, no es nada.
(sonríe sin dejar de mirarla como quien ve a alguien muy conocido que a su vez no le reconoce)

Anciano:
El hombre está buscando un hotel…

Mujer:
Aquí a la vuelta hay dos…

JULIO:
Si, si ya me contó su abuelo, pero no, le agradezco. Ya veré que hago…

Mujer:
Bueno…Adios.

JULIO:
Adios.
(Lo dice con tono melancólico como si ya se lo hubiese dicho en otra circunstancia. Los mira marcharse y hace un ademán de seguirlos, luego vuelve a lo suyo, rebusca algo en el bolso, luego abre la maleta y saca un pote de crema.
Una mujer de unos setenta años pasa con una bolsita de las compras, camina rápido, sin mirar, es MAMA INES)



JULIO:
(Se levanta la botamanga derecha del pantalón por encima de la rodilla y se la empieza a frotar con la crema)
¡Como me duele la rodilla!…Cada vez que me “tira el menisco” me acuerdo del “Ruso”. Era un hijo de puta, pero sabía, de fútbol sabía mucho. Nunca había sido entrenador, pero lo disimulaba muy bien, parecía uno de esos que uno ve en la tele, haciendo gestos con cara de tipo duro y pegando gritos a todos. El tenía experiencia como jugador, por lo que nos contaba y eso para nosotros era importante. Si la mayoría de los entrenadores son ex jugadores por algo será. Me acuerdo que en el equipo éramos como treinta pibes. ¡Uno peor que el otro! A la hora de armar la alineación, antes de salir a la cancha, el “Ruso” hacía como que se tapaba los ojos y decía: “Bueno, vos, vos y vos” señalando con el dedo al montón, así, como si fuera al azar, y seguía: “ de suplentes: García, Loreto, Perotti, Ramos y Mendoza”. Porque el tipo tenía una memoria prodigiosa, de verdad, se acordaba de los nombres de todos, pero se hacía el boludo. “y al arco, Romerito –que era el único arquero que teníamos- los demás a hacer de hinchada, vamos! Y a poner huevos, eh!”.
Ya cuando estábamos en el campo nos daba las últimas indicaciones: “Vos, pibe, jugame bien arriba”, “Che, vos, por la derecha”. Y así a todos.
A mi me dijo una tarde: “Nene, a vos te van a tener que operar esa rodilla, por que sino ni de aguatero”. A mi se me puso la piel de gallina. Pensé: “que mierda sabrá este pelotudo”. Pero tenía razón, viéndome correr se había dado cuenta. Ese año nuestro equipo salió último. Fuimos primeros pero en goles en contra. Eramos muy pataduras, la verdad. Poníamos corazón, pero igual nos cagaban a pelotazos.

(se ilumina el sector de IGNACIO, éste habla sin salir de su sitio mientras juguetea con una pelota)

IGNACIO:
Che, que tan mal no jugábamos. Lo que pasa es que los demás tenían equipazos, como ese, ¿cómo se llamaba?. El de Villa Luzuriaga. ¿Te acordás? Tenían dos o tres pibes que la rompían, que después jugaron en la primera de Velez. ¿Cómo se llamaba ese equipo?

(Julio se da vuelta y se sonríe)

JULIO:
No sé, que se yo. Lo que si sé es que nosotros éramos malísimos.


IGNACIO:
Vos te quedaste caliente porque jugabas poco. Y encima con la rodilla mala, siempre. Yo hice dos goles por lo menos.

JULIO:
¡Qué decís! Si jugué casi todo el campeonato…Es cierto que estaba siempre de suplente ¡Pero hasta metí un gol! Y si me hubiese salido aquella “media chilena” ¡Ahí sí que me retiraba! ¡Qué golazo hubiera sido!

IGNACIO:
Tenías quince años y no podías correr veinte minutos seguidos…

JULIO:
¿Qué no? ¡Si que podía!

IGNACIO:
No, Juli, no podías.

JULIO:
¡¡Podía!! ¡Y además jugaba mejor que vos! Los dos goles que hiciste fueron de suerte, de rebote, ¡de culo!...Yo también si hubiese jugado de nueve habría metido como veinte goles! No dos goles de mierda en todo el campeonato.

IGNACIO:
Yo jugué solo tres partidos. Así que dos goles no estaba mal ¿no? Es casi un cincuenta por ciento de efectividad.

JULIO:
Pero los tres partidos que jugaste los perdimos por goleada.

IGNACIO:
¡Siempre perdíamos por goleada! Pero yo metí dos goles. Además el “Ruso” no era “tan buen entrenador” como decís. Era un viejo fracasado que no tenía otra mierda que hacer y se la pasaba todo el tiempo en el club. Le gustaba sentirse importante. ¿Sabés que nunca jugó en la primera de Tigre como fanfarroneaba? Todo mentira. Y lo de tu rodilla ¿quién no lo veía? Si hasta mi vieja, un día que viniste a casa, te preguntó por que renqueabas y vos le dijiste que la rodilla, y ella te dijo “quizá te van a tener que operar y mejor ahora que sos jovencito” ¿no te acordás? Mirá que mi vieja no sabía nada de fútbol, pero de huesos…

JULIO:
No, la verdad que no me acordaba. Tenés razón, es cierto, ahí si que tenés razón. ¿Sabés? Ahora ya no me atrae el fútbol.

IGNACIO:
¿Ah, no? ¿Y que te gusta más que el fútbol? ¿qué hay mejor? Aparte de las minas, claro.

JULIO:
No sé, no hay “algo” que me guste mucho.

IGNACIO:
Te estás poniendo viejo, Julito. ¿No te habrás hecho maricón, no?

(IGNACIO se ríe y la luz de su sector se va apagando)

JULIO:
Podría ser maricón y gustarme el fútbol ¿qué tiene que ver? ¿eh?!

(la penumbra cubre ya el sector de IGNACIO y se enciende el de MAMA INES, ésta simula estar planchando)


MAMA INES:
Mi hijo no es ningún maricón, que yo sepa por lo menos.

(le hecha una mirada inquisitoria a JULIO)

JULIO:
Mamá, siempre caes de paracaidista. ¡Qué costumbre! Hablábamos de otra cosa. De fútbol, de…¿Y si lo fuera qué?¿No decías siempre que lo importante es ser feliz? No pongás esa cara (risa) No, quedate tranquila, sigo siendo “virgen”.

MAMA INES:
¡No sé por qué me hablás así!. Con tu padre, que en paz descanse, te críamos para otra cosa.
¡Y ahora casi ni ves a tus hijos!

JULIO:
¿Así que me criaron para otra cosa? ¿Qué cosa? Querían que estudiara y estudié. Soy bachiller ¿no? No sirve para una mierda, pero tengo un título. Yo cumplí, ustedes cumplieron. Todo un orgullo…¿Y qué pasa con los chicos? Están bien, hacen su vida. Además, son ellos los que nunca tienen tiempo cuando los llamo por teléfono para ir a algún sitio. Siempre tienen otras cosas que hacer ¿qué querés que haga? ¡Ya están grandes!

MAMA INES:
¿Grandes? ¡Pero si son dos criaturas!

JULIO:
¿Con veintiuno y diecinueve años? Ya están en la facultad, Mamá, no en jardín de infantes. Tienen novios. Sus propias historias ¿entendés?

MAMA INES:
¿Qué historias?

JULIO:
Que se yo. Se quedan a dormir en casa de sus parejas…por ejemplo.

MAMA INES:
¿y?

JULIO:
Que cojen…¡Mamá! “Las criaturas” como vos decís, ya cojen.
(Repitió agregando un gesto obseno con el puño)

MAMA INES:
¿y?

JULIO:
Pero cómo “¿y?”. Ya están en otra cosa, más preocupados por sus asuntos. En cualquier momento se casan… y tienen hijos… y se divorcian ¡Su propio futuro! Ellos son los que no nos dan bola a nosotros, no nosotros a ellos. Si hasta parece que le damos vergüenza.

MAMA INES:
¿Hablás de ellos o hablás de vos?

JULIO:
No, de ellos. Además les va a ir mejor que a mi, eso tenelo por seguro. Son más inteligentes. Y tienen menos prejuicios que nosotros, los de mi generación, digo.

MAMA INES:
¿Cuánto hace que no los ves?

JULIO:
A Ricky lo vi la semana pasada, fuimos a tomar un café.

MAMA INES:
¿Y a Yolanda?

JULIO: No sé, quizá hace un poco más. ¡Pero siempre los llamo por teléfono!

MAMA INES:
¡Y dale con el teléfono!

JULIO:
Y si, es parte de la vida moderna. Así nos comunicamos en el siglo veintiuno…

MAMA INES:
No seas sarcástico. No soy una vieja ignorante y sabés bien de qué te hablo.

JULIO:
Bromeaba, mamá, bromeaba…

MAMA INES:
Los padres siempre somos importantes para nuestros hijos, siempre. Aunque no nos den “bola” como decís vos. ¿Y qué es eso de la vida moderna? Nosotros también fuimos modernos en nuestro momento. ¿O te crees que siempre tuve arrugas y el pelo blanco? En nuestro tiempo decíamos a nuestros padres cosas parecidas a las que vos me decís a mi. ¡Pero con respeto!

JULIO:
Yo te hablo con respeto…

MAMA INES:
Hablás como si yo fuera, no sé, una vieja tonta que no puede entender lo que te pasa… Mucho no lo entiendo, la verdad. Pero sabés que te quiero y podés confiar en mi ¿no? Soy tu madre. Y me molesta que no estés más cerca de tus hijos, y si tienen sus “historias” con más razón. Te necesitan tanto como necesitan a Estela.

JULIO:
Tenés razón pero ¿a qué viene todo eso? Cuando yo me fui de casa, nos veíamos poco también.
Y eso no quería decir que no nos quisiéramos ¿no?

MAMA INES: Es muy distinto, las cosas cambiaron mucho. Ahora no es como antes.

JULIO:
¡Es exactamente lo que trataba de decirte hace un momento!

MAMA INES:
Nosotros te educamos bien, dentro de lo que pudimos, mientras vivía tu padre. Y después me arreglé sola con el abuelo…

JULIO:
Nosotros también educamos a Ricky y a Yoli dentro de lo que pudimos! Estela sobre todo. Eso se lo tengo que reconocer.

ESTELA:
Eso y otras cuantas cosas más…!

(MAMA INES queda en la penumbra y se ilumina el sector de ESTELA que sentada en su cómoda se retoca el maquillaje)

JULIO:
¡Ah No! Ya discutimos bastante. ¿No vamos a seguir echándonos en cara cosas, no? ¡Ya está, querida! Lo que fue o no fue, ya está!...Hice borrón y cuenta nueva. A empezar una nueva vida ¿No es lo que vos querías también? Solo una pregunta, si querés ser sincera me lo decís y si no me da igual: ¿Te acostaste con Norberto?

ESTELA:
(riendo)
¿Esa es tu gran duda, no? ¡Tu mayor problema! Si iba a tener que hacer magia para hacerles la comida todos los días a los chicos y lavar la ropa a mano porque el lavarropas se rompía, por que siempre se rompe y lo arreglamos con dos mangos que es lo mismo que dejarlo roto; y remendar los pantalones de los chicos. Y aguantarte a vos cuándo estás…y cuando no estás! Y tu gran problema era y sigue siendo parece, ¡si me acosté o no con Norberto!! Tanto tiempo después el tipo quiere despejar una gran duda: ¡Si me acosté con Norberto! Tu gran fantasía, ¿no?

JULIO:
¿Mi gran fantasía? Já.
Bueno, no te voy a negar ahora que un poco sí. ¿Ves? Yo soy sincero. Aunque me joda reconocerlo. Ahora te lo puedo decir. Y no me da vergüenza. Me revolvía las tripas pensarlo, si. Pero también me excitaba. Muchas noches los imagine haciéndolo. Te imaginé tocándosela.

ESTELA:
(riendo)
Qué película que te hacías ¿no? ¡Te salía más barato que alquilarte una porno!

JULIO:
No es gracioso. Es una sensación muy fea, porque a la vez que estás sufriendo, estás, no sé, caliente, como para hacerte una paja…

ESTELA:
¿No te digo?¡Qué pajero! Yo creía que eran celos por mi, pero me parece que me equivoqué, resultó que eras un pajero…¡Y un maricón!

JULIO:
¿Vos también?

ESTELA:
Y no sé, tanta fantasía con la cosa de Norberto y todo eso…
Mirá, te lo voy a decir por última vez, aunque no merecés que te lo diga, lo voy a hacer por que sos el padre de mis hijos ¿sabés? Solo por eso: No, no me acosté con Norberto. No me atraía para nada. Era un grosero. Y si lo atendía es porque era amigo tuyo. Si hubiese sido por mi, ese tipo no entraba jamás en mi casa. ¿Te deja más tranquilo? Pero también te voy a decir la verdad quién si me ratoneaba era Ezequiel.

JULIO:
(riendo)
¿Ezequiel?! Pero si ese era el más pelotudo, no del barrio, del continente! Además era petisito, medio chicato, con esas gafas…¿qué te podía gustar de ese tipo?

ESTELA:
No sé, era un chico muy sensible, simpático, un poco tímido, es cierto…

JULIO:
(riendo)
¡¡Un pelotudo!!

ESTELA:
Tenía una actitud gentil, siempre, muy respetuoso, me caía muy bien, era muy dulce.

JULIO:
Si, un buen tipo no te lo voy a negar, pero también un reverendo pelotudo.

ESTELA:
Con Ezequiel me acosté.

JULIO:
¿¿Qué??!! ¿Con ese ganso?!!

ESTELA:
¿No querías sinceridad? ¡Ah No! Claro, si te iba a pedir a vos, también, que me eligieras un amante. ¡Así te hacías la paja a gusto!

JULIO:
¡Esto si que no me lo puedo creer!!

(Estela queda en la penumbra y se encienden la luz de TOMAS luces como las de la barra de un bar. Tomás se sirve una copa mientras ríe)

TOMAS:
¿Viste? A la final el más pelotudo eras vos.

JULIO:
¡Andá a cagar!

TOMAS:
(riendo)
No, no te pongás así, te lo digo en broma, eh! Pero mirá que yo te lo decía siempre: “Che, el enano va muy seguido a tu casa ¡Ojo!” y vos te cagabas de risa ¿te acordás?

JULIO:
¡No me lo puedo creer! ¡Con ese infeliz!

TOMAS:
¡Pero créetelo! Las minas no ven lo mismo que vemos nosotros. Un día te levantás y tu mujer antes de levantarse también, te dice: “Querido, me olvidé una cosa, hoy a las once tenemos cita” Vos le decís, medio dormido todavía: “¿Qué cita? ¿Con quién?”. Y ella muy tranquila te responde “Con el abogado, vamos a divorciarnos”. Ellas van a otra velocidad. Tienen plan B, plan C y hasta D, si me apurás. Ahora ¿Sabés cual es nuestro plan B? El partido de fútbol de la noche. Pensás que te van a dejar por un tipo que la tiene así de grande. Y después te das cuenta que te dejan por el más perejil. Perejil para uno, claro. Pero el tipo le regala unas flores, la trata como entre algodones. Le pone la oreja, la escucha…¡La escucha, viejo!

JULIO:
¡Basta! ¡Basta, che! Dejá de hablar pavadas. Estás en pedo.
¡No me lo puedo creer!

TOMAS:
¿Cuánto hace que nos conocemos?

JULIO:
¿Veinte años? No, más. Hace como veinticinco años, creo. ¿Porqué?

TOMAS:
¿Te acordás de las veces que hablamos que nunca nos ibamos a casar, que a nosotros no nos iban a agarrar así nomás? ¿Minas? Si, todas. Gordas, flacas, altas, bajitas con o sin tetas. ¿Pero casarse? Por nada del mundo.

JULIO:
Qué boludos ¿no?

TOMAS:
Bueno, más o menos. A mi me fue bien con Mary. Hablamos poco, discutimos poco. Y mucho respeto. A ella le gustan las telenovelas, a mi el fútbol. Cada uno en lo suyo. Yo cumplo con mi parte y ella con la suya. Listo. Nada de cosas raras. Ni que la política esto o la cultura lo otro. Todo eso te pudre la cabeza y termina cagándote el matrimonio. Si es que la cosa es bien simple, Julito. Eso, vos, nunca lo quisiste entender.

JULIO:
¿Vos te crees que nos separamos con Estela por discutir de política o de cultura?

TOMAS:
Bueno, no, también será por los cuernos (riendo) ¡Y con Ezequiel!

JULIO:
¡Qué pelotudo! ¿Vos crees que nunca te engañaron? Si no hablás de nada con Mary. ¿Cómo te enterás de lo que le pasa por la cabeza? Después de más de quince años de dormir en la misma cama, de escuchar y oler los pedos del mismo tipo que le ronca al lado ¿te crees que ellas no se cansan también? ¿No pensás que quizás ya no le hacen gracia tus groserías? ¿Vos te crees que ellas no se aburren, bobo?

TOMAS:
Nosotros no nos aburrimos.

JULIO:
Vos crees eso.

TOMAS:
Y además se caga de risa conmigo.

JULIO:
De vos, se cagará de risa de vos, ¡No con vos!

TOMAS:
Lo que te pasa a vos es que estás resentido y crees que todas son como Estela.

JULIO:
Tal vez. Mirá, igual me da lo mismo con quien se haya acostado…yo también tuve lo mío, o no?

TOMAS:
Si, por ejemplo Yanina, ¡que era más puta!

JULIO:
Bueno, tampoco eso de “más puta”…

TOMAS:
Me hacés reir, Julito, a veces, realmente parecés tan inocente…(riendo)

JULIO:
Cada uno es como es, no?

TOMAS:
Y si, y ella era muy puta.

JULIO:
No sé, che. Era muy dulce y tenía una risa…Un poco escandalosa, es cierto, pero me gustaba.

TOMAS:
¿Y qué, Estela no se reía?

JULIO:
Al principio si, los primeros años. Pero luego, estos últimos tiempos parecía una sombra de la piba que conocí, siempre de mal humor, enfurruñada, como a la defensiva…

(Se ilumina el sector de ESTELA y se mantiene la luz en el de TOMAS)


ESTELA:
Vos también estabas siempre de mal humor! Ya no eras el muchacho alegre, emprendedor, no sé, era tan agradable hablar con vos.
Y últimamente hasta me aburría hacer el amor, bah! Eso era coger, nada más. Terminabas, te dabas vuelta, y ni siquiera decías buenas noches…nada.

JULIO:
Ya estamos otra vez! ¿De nuevo vamos a hablar de lo mismo?

ESTELA:
¿Ves? Es lo que digo.

JULIO:
Es que lo hablamos tantas veces!

ESTELA:
Si, pero parece que todavía no entendiste nada. Seguís con el mismo versito “que Estela ya no se reía”, “que Estela estaba de mal humor”. Vos te crees que somos plantas que se las riega cada tanto (hace un gesto con el puño hacia delante y hacia atrás) y ya está, no? Para que vengan tus parientes y tus amigos y digan “que linda plantita, mirá que lindos colores, cómo alegra la casa”. Además de limpiarla, claro. No, querido, tenemos deseos también, ilusiones. Las mismas ganas que tenés vos de ser feliz. Y que nos mimen, que nos inviten a pasear. ¡Que nos escuchen, claro, cómo no...!
(señala hacia Tomás)

JULIO:
¡Bueno! ¡Bueno! Ya me lo dijiste mil veces ¿va a cambiar algo eso ahora? No, no? Nosotros tampoco somos animales de carga. Mulas que transportan familias, alimento, felicidad ¡Romanticismo! ¿No sabés lo que pasó en el país? ¿No viste los noticieros? La gente matándose por unos cartones de mierda! La corrupción, “el corralito”…¿vos no veías la angustia que tenía por no poder darles una vida más digna, qué todo se iba al carajo...?

ESTELA:
Si, si! Ya me lo contaste mil veces y es muy aburrido volver a oír lo mismo.

JULIO:
¡Entonces para que te metés! Estaba hablando con Tomás.

ESTELA:
¡Otro!

JULIO:
¿Otro, qué?

ESTELA:
¿Sabías que Mary había tenido un romance con Ezequiel?

JULIO:
¿Queeeé?

ESTELA:
El me lo contó y le creí, porque habló de cosas íntimas que solo alguien que estuvo ahí podía saber…

JULIO:
(risotada)

TOMAS:
¡¡¡Qué hijos de puta!!!

(Julio se pone a hojear el periódico y marca aquí y allá con el bolígrafo)

TOMAS:
¡Mal de muchos consuelo de boludos!

JULIO:
(Se sonríe sin mirarlo)
¿Todavía seguís con el temita? ¿Viste? Tanto que te reías…Pero ahora dejame que estoy viendo los laburos que hay.

TOMAS:
¿Los laburos que hay? ¿Para vos?

JULIO:
¡No, para mi abuelo! Si, para mi, para quién va a ser…

TOMAS:
(riendo)
¿Con más de cuarenta de años? De basurero seguro que no porque tendrías que correr, y ya sabemos que no es tu fuerte…

JULIO:
Ja, ja, qué gracioso. Todavía tenés ganas de hacer chistes…?

TOMAS:
Y bueno, que le vamos a hacer, por lo menos nos reímos un poco. Peor le fue a Ignacio, pobre pibe. Las tenía todas. Los viejos estaban bien acomodados en el ministerio, tenían guita. Era pintón. Andaban un montón de pendejas atrás de él ¿te acordás? Y como lloraban cuando se enteraron que lo habían matado en Malvinas. Todos lloramos. ¿Te das cuenta? A veces tener guita no lo es todo, no? Un par de plomos y a la mierda! Qué Ingleses hijos de puta. ¿Para qué carajo querían un pedacito de tierra congelada, perdida en el culo del mundo? Por eso no me interesa la política…

JULIO:
A la final te pusiste serio. ¿No era que había que reirse? Es lo que digo, quieras o no volvemos siempre a los mismos temas…

TOMAS:
¿No pensaste en irte?

JULIO:
¿Irme? ¿De dónde?

TOMAS:
¿Cómo de dónde, pavote? De acá…No sé, a otro país. A España por ejemplo, como tantos…

JULIO:
¿Vos te crees que afuera te van a regalar algo, te van a decir: “Ah! Pero si es otro infeliz que quiere salir de la mierda. Venga, pase por aquí, venga, cuánto dijo que quería ganar”? La verdad, viejo, vos si que me hacés reir, pero en serio, che. ¿Vos no lees los diarios, no? No, claro, que vas a leer si no los comprás nunca. Ya están podridos de nosotros allá. Ya pasó el efecto sorpresa. Después del aluvión del “corralito”, nos ven llegar con la valijita y toman carrera para pegarnos una patada en el orto. Rajaron hasta gente que iba con guita y todo legal, y no les importó, los pusieron en un avión de vuelta. Pensar que cuando los cagados de hambre eran ellos venían para acá sin traer siquiera un documento de identidad, nada. Parecían los negros que hoy cruzan el estrecho, allá, el de Gibraltar y no llevan documentos para que no los repatríen. Estos igual venían con un papelito con la dirección de un amigo…y gracias. Cruzaban un estrecho más grande, claro.

TOMAS:
Digas lo que digas sé que a muchos le fue bien. Y por lo que oí, me lo contó el primo de la Bety, la del kiosco, allí nos quieren más que al resto de inmigrantes. Así que tan jodido no debe ser, no? Yo probaría. Y además en ningún lado te regalan nada. ¿Acá qué te regalan? Y digo ¿Qué perdés con intentarlo? ¿No tenés esperanzas.vos? Antes eras más lanzado. Eras más chistoso, sabés?

JULIO:
Ya parecés mi ex por qué no me dejás de joder un poco. Necesito pensar.

TOMAS:
¡Ah! Pero me hubieras dicho que pensabas. Mirá, en serio, Julio, yo que vos me iba a la mierda. A conocer mundo, mujeres…por ahí encontrás el amor de tu vida. Tanto que puteamos a los ingleses, en una de esas conocés una gringa y te casás de nuevo. La vida da muchas vueltas ya lo sabés…

JULIO:
Cuando vivía con Estela me imaginaba que nos separábamos. No como lo hicimos, no sé, de otro modo. Que conocía a otra mujer, yo les ponía la cara según me cruzaba con alguna por ahí…

TOMAS:
Es lo que pasó…

JULIO:
¿Qué cosa?

TOMAS:
Que te separaste. Es un hecho.

JULIO:
Si, pero no es lo mismo. Al igual que que conozca a otra mujer. En una de esas tiene la apariencia de alguna que conocí o imaginé. Pero seguro que al convivir, en cuanto empiezan las exigencias, los reproches, el “creí que ibas a cambiar”, el “te ví que le mirabas el culo a esa fulana”, el “te dije que los cepillos de dientes iban aquí, no allá”, en fin lo cotidiano, se pudre todo de nuevo. A los veinte todo es novedad, y hasta parecen simpáticas esas hinchadas de pelota. Uno dice: Estoy formando un hogar! Un poco de sal y un poco de azúcar. Tenés más energía también. Pero a los cuarenta, pasar otra vez por lo mismo!! Imaginate si encima quiere tener un hijo tuyo!!. No.
“Vení, limpiale la caquita a tu hijo, acaso no lo querés?” No. Y la verdad, me da miedo mandarme una cagada. Los tipos somos muy boludos. La calentura nos pierde. Por que al principio todo es maravilloso, cojés hasta tres veces al día…

TOMAS:
¡¡¡Eso es lo mejor!!! ¡Ahora me conformaría con tres al mes!


(Se enciende la luz de Marina, ella sale de su sitio y se acerca a JULIO y se sienta junto a él. Tomás queda en penumbras)

MARINA:
¡Eso que decís es una mierda machista de lo peor! No puedo creer que te convirtieras en esto!

JULIO:
(Mirando hacia el sitio de TOMAS)
¿Ves lo que te decía…?

MARINA:
No, Julio, vos eras muy distinto ¿crees que conmigo también te hubiera ido así?

JULIO:
Y si. Estoy seguro que si. Y peor también. No estarías aquí.

MARINA:
Quién sabe. Tal vez, vos, no estarías aquí. Sentado, esperando, no sé, que la vida te pase a buscar. ¡Eras un chico tan alegre!

JULIO:
Era muy ignorante, que es otra cosa. Igual, vos, no me dabas bola. Andabas atrás de ese, como se llamaba? Ah! Si, Enrique. Enrique, el hijo del de la estación de servicio. Tenían más guita que los ladrones! Esos si que robaban con los combustibles! Con la Shell, con la Esso, con YPF, y ahora con Repsol, no? Por que nunca se perdieron una…

MARINA:
Eso es subestimación. A mi me gustaba y no por la guita.

JULIO:
No, claro, ni por el cochazo que le prestaba el padre los fines de semana…
Todas andaban atrás de ese.

MARINA:
Las otras, no sé. Pero no era mi caso. Además vos también me gustabas. Y tus viejos no tenían un mango partido al medio.

JULIO:
¿Yo te gustaba?

MARINA:
Más de una vez me acerqué a vos para ver si me tirabas alguna onda y vos dale discutir con los otros pibes de que si los milicos esto o lo otro ¡Y de fútbol! ¿Sabés porqué a las chicas le gustaba Enrique? Por que se cagaba en la política y en el fútbol. Mientras ustedes discutían y se peleaban. El y Rúben no hacían otra cosa que prestarnos atención. Estaban siempre a la pesca.
¡Y pescaban!

JULIO:
No sabía que yo te gustaba.

MARINA:
No me extraña, que tonto.

JULIO:
Si, la verdad que si.

MARINA:
Bueno, no te quejés, ya dijiste que te hubiese pasado lo mismo. O peor.

JULIO:
Y si, vos también habrías cambiado.

MARINA:
No, vos habrías cambiado como lo hiciste. Cuando te casaste con Estela ¿estabas enamorado, no?

JULIO:
¡Hmmm!

MARINA:
Si, lo estabas. Bueno, ahí tenés, para vos todas las mujeres tienen un “demonio” al acecho ¿no? ¿Porqué yo iba a ser distinta?

JULIO:
Vos seguís siendo un ángel.

MARINA:
Solo en tu cabeza, mi amor, me tenés aquí siempre adolescente. Con todo firme, la mirada limpia, sin una sola arruguita…pero esa no es la realidad.

JULIO:
¿La realidad? ¡El sentimiento es real! ¡Y el amor!

MARINA:
No me refiero a sentir o no sentir. Te hablo de vivir. De vivir, con mayúsculas. Esa es la realidad. Vivir el amor con todo lo que tiene de áspero, sí, de cagadas de bebé, de arrugas y malos momentos…

JULIO:
Vos sos real para mi.

MARINA:
No, soy un recuerdo. Pasaron muchos años y todavía tengo acné, no es justo.
¡Tengo la edad de tu hija! ¿Te das cuenta?

JULIO:
¿Qué querés que haga? Guardo de ese tiempo imágenes tan hermosas…

MARINA:
Quiero que me dejés ir. Yo misma ya me dejé ir hace tiempo. ¿Quién te dice? Quizá me encontrás como soy “ahora” y te das cuenta que no había nada que lamentar…

JULIO:
Prefiero seguir viéndote así.

MARINA:
Como una pendeja. Medio tonta, pura imagen, no?

JULIO:
Para mi sos más que una imagen.

MARINA:
Dijiste “imágenes hermosas”…

JULIO:
Si, pero no es así. Para mi significabas más, que se yo, ilusión!. Eso es, ilusión, algo que siento que perdí entre este país…

MARINA:
Si vas a empezar a hablar de política y esas cosas me voy…

JULIO:
Es que eso también nos modifica! La falta de trabajo, de logros económicos. ¡Toda esta corrupción que nos infectó como un virus…!

MARINA:
Mejor vuelvo en otro momento…

JULIO:
No te vayas…estoy muy solo.

MARINA:
Te sentís solo. Pero sabés que no lo estás. Tenés dos hijos preciosos, yo me hubiese enamorado de Ricky, tu hijo, por ejemplo. Y vos no estás tan mal ¿Nunca te dijeron que los cuarentones son muy seductores? Con toda esa experiencia…siempre que estén en buen estado, no?

JULIO:
¡Eh! Tomás, escuchaste. ¡Escuchaste eso!

(Marina, se va a su sitio, en la penumbra y habla desde allí)


MARINA:
Yoli, me parece, te va a hacer abuelo muy pronto…deberías sentirte feliz.

JULIO:
¿Cómo…? ¡Abuelo, oíste, abuelo! ¡¡Vas a ser…tatarabuelo!! ¡Me van a decir abuelo a mi!
¡A mi!

(La luz de la mesita del abuelo se enciende, éste tiene un periódico entre las manos, tiene puestas las gafas y sin mirar responde)

ABUELO:
Tu, que te quejas tanto de lo que te ha tocao, deberías haber vivido en Madrid durante… y después de la guerra!!

JULIO:
Abuelo ¿sabés cuántas guerras pasaron después de la tuya? ¿Querés que te las cuente? Solo las más conocidas: la segunda querra mundial, la de Corea ¡la de Vietnam! La de los “seís días”, la del “Golfo”, la de los “Balcanes”, ¡la de Irak! Que sigue como la de Afganistán, y eso que te hablo de las que tienen más publicidad! Y no te menciono la de Malvinas, por que ya sabés bastante, la vivimos aquí.

ABUELO:
Aquí no. Aquí no caían las bombas.

JULIO:
Pero los muertos si. Como el pobre Ignacio.
(Éste juega con un balón en la penumbra, distraído)

ABUELO:
¡Vale! Pués con más razón entonces. ¿De que te quejas tu? Se ha terminado tu matrimonio y te vais ha hacer un vagabundo por eso? Un quejica que va por la vida dando lástima? Venga, niño, hala! Ponte a trabajar en lo que sea, eso le va a dar un poco de orden a tu vida, después ya me contareis. En peores me he visto yo y he salido adelante. A ti no te gusta que te hable de “mi guerra” como tu dices, pero cuando tuve que dejar mi patria, lo hice sin dudarlo, mira. Y aquí, viudo, y con una hija…¡y siendo extranjero! Por que tu no creas eso de que aquí te regalaban todo, no, que va! Algunos compatriotas te ayudaban, si, y otros te mandaban tomar por culo. Que si eras de la falange, que si eras republicano, que si rojo, que si fascista. ¡La política siempre fue una mierda! Un negocio de listillos y forajidos. Y los tíos normales, como tu, como yo, los que tienen que salir todos los días a currar para sacar adelante una familia, si que estamos jodidos. En cualquier parte es así. Todas las épocas han sido duras para los pobres. Y eso no ha cambiado, no señor! Pero con esa actitud no vais a conseguir nada, chaval. Y es que agobias, de verdad. Tu esposa…

JULIO:
Mi ex esposa, abuelo, ex…

ABUELO:
Como tu digas. Ella se ha cansao también, y tu, tu! No has hecho nada para cambiar las cosas. A mi la vida no me dio la oportunidad de pelear por mi amor. Se fue y ya…

JULIO:
Vos nunca te casaste de nuevo.

ABUELO:
Es que entre el trabajo y criar a tu madre no me quedaba mucho tiempo. Antes se curraban muchas horas, sabes? Igual no me apetecía. No por rencor, ni miedo…ni lealtad con tu abuela, en paz descanse. Simplemente no sentía la necesidad de volver a casarme. Y mira que he conocido mujeres muy majas, muy bonitas…

JULIO:
¿Y entonces?

ABUELO:
No lo sé, niño, simplemente, fue así.

JULIO:
(risa)
Te habrás hecho tus buenas "puñetas"…

ABUELO:
No seas guarro. Ya te he dicho que he conocido unas chavalas muy guapas. En mi tiempo no había toda esta pornografía de ahora. Eso si, solíamos ir a esos bares de copas…

JULIO:
Al puterío, bah!.

ABUELO:
Que no! Eran bares! Habían tías muy cariñosas. Nada de guarrerías como se ven ahora. Ellas venían, te cogían de la mano…

JULIO:
Y si, te “cogían”.

ABUELO:
Tenían clase, sabes? Eran muy limpias y respetuosas.

JULIO:
Bueno, pero al fin y al cabo es lo mismo de siempre, no? Pagar para hecharse un polvo.

ABUELO:
¿Y cuántas veces has pagao en tu matrimonio para tener sexo? ¿No lo has pensado nunca? Con un regalito, un viaje…

JULIO:
Pero qué decís, abuelo? No es lo mismo. Eso es amor…es ser romántico, que se yo.

ABUELO:
Siempre hay un intercambio. Al principio puede ser un beso por un beso, al principio. Pero luego tenéis que subir la apuesta. Si tu trabajas y traes dinero a casa crees que tienes derecho a cosas. Tu mujer trabaja en la casa pero eso no se traduce en dinero. Entonces tu sientes que tienes el poder o crees que lo tienes, que al fin y al cabo es casi lo mismo, verdad? Y exiges: la comida caliente, la ropa limpia…y sexo. La puta solo te da sexo. En pocas palabras, chaval, tratas a tu mujer peor que a una puta!

JULIO:
¿Qué decís? Me parece que estás medio senil, abuelo. Yo nunca trate a Estela como una puta…

ABUELO:
No, peor, como a una esclava, como una tía de esas de la china o de por ahí, que andan siempre calladitas…

JULIO:
¿Estela calladita? Vos no conocías a Estela. Las mujeres que decías son las geishas, las japonesas…Y a la abuela ¿Qué? ¿Cómo la tratabas vos?

ABUELO:
Con Pilar, tu abuela, compartíamos todas las decisiones. Ella era muy liberal, tenía un carácter muy fuerte, sabes? Si había alguien que tenía el “poder” en nuestro matrimonio esa era ella. Fue la que tomó la decisión de venirnos a aquí.

JULIO:
Estela también tenía el “poder”, como decís vos. Siempre decidía ella. Decidió quién se quedaba con la casa y quién se tenía que ir. Decidió que los chicos se quedaran con ella…

ABUELO:
Sus razones tendría…

JULIO:
Pero al final ¿de qué lado estás? Ahora resulta que yo era un hijo de puta, un explotador de mi mujer. Me rompí el culo para construir un hogar, para que a mi familia no le faltara…

ABUELO:
Pero es que es eso, niño. No lo hacías sólo…

JULIO:
Bueno ya vas a salirme con el discursito comunista del año del pedo…

ABUELO:
Es gracioso que tu me digas eso…

JULIO:
Ya te veo venir, Abuelo: “Que el dinero no es todo”. “Que hay cosas más importantes”…Se lo decías a mamá. Y así estamos. Mirá, Abuelo, las mujeres quieren seguridad. Y tener guita, en este mundo, da un poquito de seguridad, no? Porque a la hora de comprar zapatos a tu hijo, pagar el colegio, los libros, no le podés decir al director de la escuela: “Mi hijo viene en patas, por que el dinero no es todo”. Y tu mujer te lo va aceptar el primer año, el segundo –eso si te quiere mucho y está muy enamorada de vos- pero después no hay socialismo que valga. Mirá los rusos! Tanta historia y seguro que si le das a elegir a una rusa entre un ruso marxista y un yanqui marxista, se va a vivir a Norteamérica sin pensarlo. Y allí se caga en los dos y se casa con un evangelista republicano con una flor de casa y una piscina! ¡Y sin culpas!
Que la guita no es todo. Qué verso de los ricos. Como nos garcaron con ese cuento. Decile a millones de argentinos que la guita no es todo.
Los que perdieron sus ahorros con el “corralito”, los que revuelven basuras para tener algo que llevar a casa. Andá, deciles que la guita no es todo…

(El ABUELO apaga la luz de la mesita y se enciende la de MAMA INES)

MAMA INES:
El Abuelo te quiere mucho, Julio, a él le dolió mucho tu separación. Y verte así. Sos joven y parecés un viejo, con tanta rabia…

JULIO:
Tengo motivos ¿no?. O ¿te parece que no tengo motivos?

MAMA INES:
Tenés hijos sanos. Y Estela es una muy buena madre.

JULIO:
(con ironía)
Sí, buenisima…

MAMA INES:
Mirá como esposa podés decir lo que quieras, pero se muy bien que es una madre ejemplar, y lo digo como madre que soy.

JULIO:
Tampoco fue una mala esposa…

MAMA INES:
¿Ves? A veces hay que saber reconocer los errores…

JULIO:
Me metió los cuernos con ese pelotudo! Y andá a saber con que otros que no me enteraré nunca…

MAMA INES:
Vos también la engañaste y seguro que hasta con mujeres que tenías en la cabeza. Y nosotras somos muy perceptivas ¿sabés? Más cuando estamos todo el día en casa. Hasta el mínimo detalle es una pista enorme. Como además no tenemos muchas otras cosas que nos distraigan. Y ustedes, hijo, ustedes son muy torpes…

JULIO:
¿Papá te engañó alguna vez? Que sepás, digo.

MAMA INES:
A mi me pasó un poco lo de tu Abuelo. Será el destino…

JULIO:
El mío no, seguro. Conmigo se cortó la maldición…

MAMA INES:
A Josesito, tu padre, le faltó tiempo. Se fue muy temprano, cuando todavía estaba muy enamorado de mi. Pero a larga, tal vez, le habría pasado. Aunque solo fuese algo ocasional ¡Y yo no se lo hubiese perdonado nunca! (mirando al cielo).

JULIO:
Y Vos. ¿Vos lo engañaste alguna vez?

MAMA INES:
Ya te dije. A mi tampoco me dio tiempo. ¿Quién sabe? Si hubiese ido perdiendo su atención, a extrañar una caricia, si al llegar a casa se hubiese empezado a olvidar de darme un beso…¿Quién sabe?

JULIO:
No es que uno se olvide, lo que pasa es que a veces llegás tan cansado…

MAMA INES:
Esa es una excusa tonta! Si estuvieses realmente enamorado, llegar a tu casa y darle un beso a tu esposa sería lo más importante…no es la chica de la limpieza ¡es tu mujer!

JULIO:
Bueno, vos lo ves…

MAMA INES:
¡Como mujer!

JULIO:
Se puede estar enamorado y…Mirá, no sé que discuto con vos, la verdad. Cuando el deseo del otro cambió, cambió. Hagás lo que hagás es inútil. Se apuntó para otro sitio y se acabó.

MAMA INES:
¿Hablás de Estela o de vos?

JULIO:
De ella…de mi, de todos en general! Por eso me cuesta mucho pensar en otra relación. Me cuesta mucho creer que algo pueda funcionar, no ya indefinidamente, algo a mediano plazo. Me es imposible imaginarme casado de nuevo…

MAMA INES:
(risa)
Porque todavía te duele…

JULIO:
Me duele el amor propio, mi orgullo, eso me duele!

MAMA INES:
A mi no me podés mentir, te conozco desde que naciste…

(se enciende la luz de TOMAS)

TOMAS:
Tu vieja tiene un poco de razón, Pibe.

(se enciende la luz de IGNACIO este juega con su pelota y tiene un casco militar en la cabeza)

IGNACIO:
Qué va a tener razón! Si no se bancan el fútbol que se vayan a la mierda! Yo hasta que no encuentre una mina que le guste el fútbol y si es posible, que sea hincha del “rojo” como yo, no me caso.

JULIO:
Ustedes dos no me sirven de mucho, la verdad…

IGNACIO:
¡Uy! Qué amargado…

TOMAS:
A mi también me metieron los cuernos y no ando lloriqueando por ahí como vos.

IGNACIO:
Ese club si que tiene socios, eh?!!!
(hace el gesto de cuernitos con los dedos)

JULIO:
No es por lo cuernos.

TOMAS:
¡Ah! No? Y entonces ¿Qué es? ¿Eh?

JULIO:
Es todo. La falta de laburo, de guita…ni para pagar una puta…

TOMAS:
Yo conozco un par que seguro te fían ¡y son del barrio!

JULIO:
¡Que boludo! Te hablo en sentido figurado, Tomás, es un decir…

TOMAS:
Todavía la querés, no? A Estela, digo.

JULIO:
Quisiera volver a tener veinte años. Como cuando clicás en la flechita del buscador de Internet y te lleva a las páginas anteriores y…

TOMAS:
En esa época no había Internet ¡Ni siquiera tenía teléfono en mi casa!
¿No te acordás que tenías que ir al bar y pedírselo prestado al dueño? Vos si que sos “la vida me engañó”.

ESTELA:
A todos nos “engaño” un poco…

JULIO:
¡Por fin estamos de acuerdo en algo!

TOMAS:
A mi la única que me engaño fue Mary, y me la hizo bien!

IGNACIO:
¡Uf! ¡Qué feo llegar a viejo!

TOMAS:
Eso de viejo te lo podés meter en el culito, nene! ¡Ya quisieras vos!

MARINA:
A mi la vejez no me asusta para nada, al contrario, me gusta la idea de tener una visión más amplia de la vida, tener hijos…nietos, que se yo.

JULIO:
(risas)
Ya veremos, ya veremos. Te voy a ir a buscar a ver si es verdad…

ESTELA:
Por lo menos no se casó con vos, tan mal no le debe haber ido…

JULIO:
¡Como sos, eh! Yo no era tan malo como para que me cagaras con ese infeliz…

ESTELA:
¡Que sinverguenza! ¿Vos te crees que yo me chupaba el dedo? ¿Qué no sabía que andabas con esa putita de Yanina?

JULIO:
¿Sabías…?

MAMA INES:
Te lo dije, Julito, te lo dije…

ESTELA:
Si, y usted bien que se callaba el pico, y hasta lo encubría…

MAMA INES:
Es mi hijo…

IGNACIO:
¡Qué quilombo!

MARINA:
¡Yo te hubiera cortado las bolas! Andar con una fulana del barrio para que todo el mundo se te cague de risa, hay que ser también…

JULIO:
¡Eh! Paren un poco, che! Que no mate a nadie. Cometí un error, lo admito, una tontería ¿a que hombre no le pasa alguna vez?

TOMAS:
Seguro que Mary me vio a mi también, seguro…

ABUELO:
(risa)
¡Sois como niños! No es la vida la que os engaño, sois vosotros mismos. Creeis que nadie se entera, incapaces de veros como sois realmente…

JULIO:
¡El que faltaba! ¿Qué vas a decir ahora, que el comunismo nos hubiera hecho mejores? ¿Ahí sí nos veríamos como somos, no?

ABUELO:
¡Que no! ¡Que no! Además sabes que no me he fiado nunca de los políticos…

JULIO:
(burlón)
¡Ah no! Claro, que vos sos más bien anarquista, cierto…

ABUELO:
Tienes demasiados prejuicios, Julio…

JULIO:
Si, eso y bronca es lo que más tengo…

TOMAS:
¿Porqué no nos agarramos un buen pedo y nos olvidamos de todo, che?

IGNACIO:
Yo no bebo…

TOMAS:
¿Y a vos quién te invitó? Pobre pendejo! Te habría venido bien, si total, después de todo…

MARINA:
Es el único que tenía en claro lo que quería…

JULIO:
Si, es fácil decirlo cuando no hay nada ya que lo contradiga ¿no?

MARINA:
No es así. Hay cosas que se notan desde el principio…

ESTELA:
Marina tiene razón…

JULIO:
¡Mirá que bonito! Solo faltás vos, Mamá, dale ¿a que estás de acuerdo también?

MAMA INES:
Bueno, si, en parte tienen razón las chicas…

JULIO:
(riéndose)
¡Tomás! Me parece que te voy a hacer caso ¿sabés?
¡Creo que me voy a ir a la mierda…!



FIN DE PRIMER ACTO



El SEGUNDO ACTO y EL EPILOGO, te lo enviaré gustoso a tu correo electrónico.
Solo escríbeme a jorgenowens@hotmail.com, con el asunto: "Quiero terminar de leerlo".
Desde ya gracias....Sí, claro, es grátis!!! Lo hago solo para tener idea de la cantidad de gente a la que le interesa mi obra.
Con afecto, Jorge

OTROS POEMAS

LA GUITARRA DE ARANJUEZ

Aquel hombre tomó en sus manos
la orilla del atlántico
y tiró de ella hasta que América toda
se subió a su playa.

Luego,
con esas mismas manos húmedas
de sal, caracolas y algas,
tironeó del monte
hasta que los Urales
y el Himalaya
y las islas fantásticas del Pacífico
quedaron arrollados
como una alfombra que se sacude
en gigantescos pliegos
de bosques praderas, rocas y aguas.
Después,
África, selva y desierto,
confundida en una maza
de colores hacia el cielo.



Estaban hechas las fabulosas gradas.
Estaba hecho el anfiteatro.
Y en el centro
una guitarra viva comenzó a girar
en una danza cósmica
sacudiendo su melena de piel y metal
en una danza feroz dulce desconocida
entonces
el próximo fusilado de Goya
se quitó la venda de sus ojos
y comenzó a llorar
y cayó de rodillas estremecido
frente a la danza al fuego a la vida
Y los fusileros de Goya
soltaron diez disparos contra el muro
diez palomas ante los ojos atónitos
diez gotas de sangre
contra el mundo.
Y el griego resucitó al conde
y enterró el cortejo.

La guitarra viva giraba
para la humanidad
con su boca abierta en un grito
con su boca luminosa y enrejada
con su madera infinita
ante un planeta
amontonado
conmovido.

I

Antes que la peste
soltara sus podridos dientes negros
sobre el aire de Guernica
sobre el vientre claro de España
Y más antes
que la furia del infierno
azolara las juderías
y las tabernas de esqueléticos bebedores
Y mucho más antes
que fuera demolido el templo de la muerte
el trono de la hiena
la corona demencial
de los verdugos
¡fue tan antes!

II

La guitarra viva
ahora hablaba
en un canto de hombres y mujeres
y niños jamás escuchados
en un canto mineral
un canto líquido y vegetal
un canto que podría ser pintado
en la sonoridad de sus figuras.


EL CORO DE LA BOCA

En la pileta la señora gorda,
a las cuatro de la madrugada,
lava pañales,
platos,
esperanzas.

Mientras las babosas se deslizan
ágilmente a sus manos arrugadas,
a sus ojos,
a su boca,
a su rabia.

El esposo suelta en la cama
la curda que trajo callado,
pero el fragor
de los ronquidos
lo delata.

Un niño se despierta, el menor,
y al llorar da la alarma.
Son dos, tres,
cuatro niños llorando
a las cuatro de la madrugada.

Son seis, siete, quinientos,
mil niños ahora llorando sin pausa,
todo el conventillo,
el barrio
con la misma serenata.

La señora gorda no se inmuta,
y todo el planeta se desvela y levanta.
Ya no son las cuatro
y los niños
no se callan.

Los animales desesperan, corren,
vuelan y nadan, y solo las vacas,
siguen su eterna,
indiferente
marcha.

La señora gorda recoge en un balde
los pañales, los platos, la esperanza
y regresa
lentamente
a su casa.

Al entrar los niños se le abalanzan,
uno por uno los vuelve a las sábanas
(el marido
duerme
la curda desparramada)

Y callan primero los cuatro niños,
luego el conventillo, después toda la manzana,
el barrio,
el planeta.
Y aquí se acabó la cantata.

LA BOCA

Anoche la luna se balanceaba
en la cúspide de un conventillo,
después se alzó en el aire
con aletazos luminosos
y se perdió en la altura.

Cuando esto sucedía,
un mendigo hurgaba diligente el basurero
rodeado de gatos
que vestían igual que él.
A diez metros
una pareja se evaporaba
en las sombras
como una voluta de humo:
hacían el amor
en la fascinante neblina
que los tragaba.

Y debajo del puente los barcos,
debajo de los barcos el riachuelo,
debajo del riachuelo un cadáver
con su ancla de piedra
incrustada más allá del fondo.

II

Y viene el cansancio
y me devora el hígado,
el pecho, los brazos,
después
los alucinados ojos.

Hasta que caigo seco, pesado
como un gran tronco,
partido
en la mitad del milagro
o la demencia.

LA CANCION

Y no hago más que repetir una vieja canción,
una remota melodía.

Vuelvo a repetir
el cansado, monótono silbar
a extramuros.
Estoy en el vértigo
de hoy sobre hoy.
Hoy sobre hoy.
Hoy sobre hoy
hasta el infinito,
pero:
El mundo no se despereza.
Un anciano
asoma en el umbral de la caverna
blandiendo un garrote
hacia el satélite.
En la selva, un aborigen caoba
brilla en la penumbra.

Estoy repitiendo la canción,
las mismas notas
que murmuran las ruinas,
la que no cesa de reiterar el sol.

Un cohete zigzaguea
a ras del suelo.
El niño iraquí
se parece al niño peruano.
El joven de Etiopía
mastica la arena.
En Nueva York un joven
mastica el cemento.
El cohete entró de golpe
en la caverna del anciano.
El aborigen cocina raíces
y hormigas.

Si, esta canción es la misma,
las piedras la conocen,
la oyeron miles y millones de veces,
los esqueletos la tararean.

I

Y la canción rueda
de monte a monte,
de aldea a aldea,
de mar a mar, de sombra a sombra.
La misma canción
pretérita y futura.
La misma canción
como la sangre en torrente.

La canción lunar
que barre las colinas,
sube a la cima
de la especie animal
estalla y se reproduce,
y se puebla la vida de vida
y el cielo
se puebla y se despuebla
y se desploma
como un ave gigantesca.
Otra vez la canción solar,
la melodía humana
desnuda en la palma desnuda
del planeta,
en el horizonte del universo
terrenal.

EL SEXO

Me gustas
sencilla,
clara,
salvaje,
salpicada del tiempo que transitas
con tus pechos
femeninamente antiguos,
con tu boca
de copa y néctar.

Me gustas
violenta,
sabia,
ingenua.
Poblada de todos los hijos terrestres,
de toda la marea
en tu cintura.
Con ese olor a selvas, a vendimia.

II

Aré tu tierra
desnudo,
agitado.

Entré como a la historia
con mi bandera,
mis herramientas de labrador,
y vos
como la historia,
o el mundo,

me diste un sitio
donde sembrar
mi sangre
y mi corteza.

III

Mujer, aprenderemos juntos
este camino.

Tenemos que aprender
la vida
nuevamente.

Tenemos que aprender
la unidad
y sus matices.

Aún no hemos sido
profundamente felices.
No hemos conocido
la cara interna
del amor.
Buceamos en la penumbra, lo sé,
y tocamos algo
que tal vez fue la capa
más cercana de la belleza,
pero no hemos sido
profundamente
bellos.

IV

De allí vengo,
de tu estructura.

Toda mujer me ha parido,
me ha dado a luz.

Con todas conocí
mi antigua Patria.

Voy a recorrerte una vez más.
Voy a roer tus huesos,
tus luminosos huesos,
tu carne espumosa donde sueñan
los albatros diminutos,
febriles,
de mis manos ciegas.
Voy a hundirme en tus abismos
hasta la más profunda llama
donde crepitan
las onduladas raíces
de tu dulce, inmolada, cabellera.

Voy a perderme una vez más, lo se,
en tu penumbra.
Voy a andar, lo sé también,
a tientas,
siempre empiezo con vos
donde los ramajes
florecen
o se incendian.

V

A través de tus escombros
hay señales de fuego,
bocas de fusiles
con sus fauces abiertas.
Hay olor a hogar
demolido,
a demencia,
a corrompido desván
donde murmuran
las antiguas
fantasmales bibliotecas,
con muñecos de trapo
y pájaros
de cera.

VI

Te estoy amando
¿te das cuenta?
Me muero de sangre que se va
por las venas
de tu insaciable paisaje.
Me muero de ojos condenados
a soledad perpetua.
Y no puedo seguir recorriendo
tu laberíntica
y desfigurada silueta.
Ya al mirarme
a través de la herida
veo latir
un desconsolado planeta.
Tan inmóvil
en sus latidos sin mar,
sin pájaros; sin tierra;

Todo lo ha mordido
hasta el hartazgo,
invisible fiera,
la tristeza

SERENIDAD

Me detendría hoy
un largo instante
junto a los álamos enfilados
hacia el horizonte,
bajo los verdes
manzanos.
A palpar la tierra, las raíces,
las húmedas ramas
extendidas
maternalmente con sus frutos.
Me quedaría
mirando el cielo entre las hojas,
a dejar que crezcan
sobre mi
como en una patria
los hijos arrebatados
al musgo
y al rocío.
Los hijos de la tibia madera.
Me quedaría
una eternidad diseminado
entre canales
y semillas,
junto al cosechador
y a la morena
mujer que amasa y canta
una tribal canción
de pan
sobre la tarde.

EL CABALLO

Un barco,
allí, en el muelle,
tiene mi nombre
en un costado.
Está desierto.
Está
como dormido
en su metal,
en su madera,
en la penumbra.
¡Muerte!
¿Quién te ha erigido
Capitán?
¿Quién, de ese navío, quién
te ha puesto
sobre la borda
a esperarme?

Con un caballo me iré.
Con un caballo de tierra
a galopar
tus páramos repletos.
El barco,
para los marineros.

Yo me iré
galopando al sur
entre los bosques
y el desierto.

LA PATRIA

Porque las alimañas pretenden
prenderte fuego.
La rapiña a veces te corta un hijo,
a veces te lanza una escupida que no llega.
Porque
por tus ríos entran de noche
peces de metal salvaje,
y entre el follaje de tu pecho, como reptiles,
entran tropas, tropeles
de fantasmas arados hasta las cuencas
de sus imposibles ojos.

Por eso debes
izar el sol constantemente,
el sol aborigen,
la raza solar hasta la cima
del penacho volcánico incolumne,
el mástil insomne
de tu frente, patria.
Por eso debes
elevar tu pabellón selvático
para conocimiento del mundo.
Por eso debes
poner la llama humana,
la rama viva
sobre el pedernal
más alto de tu costa.

LA VISION

Y yo creía
que era mi estrella.
Cada atardecer
entre el humo y el cemento
ella venía
tímidamente,
venía
y se empozaba
al centro
de mi ventana ajena.

Pero no estaba
al sur
como creía.
Allí, en ese sitio,
todo da
invariable,
rutinariamente
al norte.

Estos poemas fueron escritos entre los años 1983-1985, en el barrio de la Boca, Buenos Aires. Forman parte de un libro "La calle de este día. Otras calles. Otros poemas".